Por: LAUREANO RODRIGUEZ ALARCON, abogado Casanareño

Hoy hablo no solo como ciudadano, hablo como liberal. Como heredero de una historia que no nació del privilegio sino de la lucha que surgió del inconformismo frente a la injusticia.
El Partido Liberal Colombiano nació en 1848, en un país marcado por profundas desigualdades sociales, políticas y económicas, bajo la influencia ideológica de EZEQUIEL ROJAS, un hombre que se atrevió a decir algo que todavía incomoda. Nació como una respuesta valiente a un orden excluyente, levantando banderas que hoy parecen obvias: la libertad individual, la igualdad ante la ley, la separación entre la Iglesia y el Estado, la educación pública, y la defensa de los derechos civiles, entre otros.
A lo largo de su evolución y desarrollo, el liberalismo ha sido protagonista de lo mementos mas decisivos de la Nación. Impulso las grandes reformas del siglo XX, defendió el Estado Social de Derecho, promovió los derechos laborales, la seguridad social, la modernización del Estado y, de manera decisiva contribuyo a la expedición de la Constitución de 1991, donde quedaron determinados los derechos fundamentales, la tridivisión del poder público, participación ciudadana y el pluralismo político.
El Partido Liberal no solo ha gobernado; ha transformado, no solo ha legislado ha dejado huella, ha sido la voz de los trabajadores, de los campesinos, de las regiones, de las minorías y de quienes históricamente no tienen voz. Su importancia se mide por las conquistas sociales alcanzadas: el reconocimiento de la dignidad humana, la ampliación de derechos, la defensa de las libertades públicas y la lucha permanente contra toda forma de exclusión.

Hoy, cuando algunos se preguntan por la vigencia del Partido Liberal, la respuesta es clara: el liberalismo sigue vigente, porque aún existen desigualdades, la libertad sigue amenazada, la democracia necesita partidos con historia, con doctrina y compromiso social.
En un escenario político donde surgen múltiples movimientos, el Liberal permanece, sin renunciar a sus principios, aunque muchos de sus militantes que ayer fueron furibundos defensores, sus fundamentos ideológicos hoy han desvanecido con su extinción, porque ser liberal es ser capaz de defender la patria, es defender la democracia con responsabilidad, la justicia social con equilibrio, la libertad con sentido humano. Es entender que el progreso no puede ser solo económico, sino también social y ético.
El Liberalismo auténtico no se presta para este devenir, por cuanto ser Liberal es asumir una responsabilidad si se quiere histórica: defender la libertad con sentido social, promover el desarrollo sin sacrificar la dignidad humana y creer que el poder público existe para servir y no para servirse, lo que nos hace pensar que la vigencia del partido Liberal no está en adaptarse al oportunismo como muchos lo han utilizado sino diferenciarse de él. De lo contrario seguiremos repitiendo la historia de politiqueros que llegan, prometen, se nutren y se van, dejando huellas, sin ningún temor de ser criticados por lo que pudieron haber hecho y no lo hicieron, y por sobre todo cambiarse de partido apoyándose en argumentos de las banderas de la democracia lo cual es totalmente censurable.
He pertenecido a esta gloriosa organización política desde siempre y aun mas habiendo adquirido mi credencial, documento que porto con orgullo, en cuyo nombre fui concejal municipal, y Consejero Intendencial, luego candidato al Senado de la Republica en el año 1998 obteniendo un respaldo considerable de 22.000 votos.
En adelante pasé a la reserva política para dedicarme por entero al ejercicio de mi profesión de abogado, sumando la actividad de catedrático universitario por varios años, con todo, me preocupa que hoy algunos vean al partido como simple empresa de avales despojados de contenido ideológico, sin definir ideas ni representar causas, solo persiguiendo administrar conveniencias en busca de beneficios personales sin entender o reconocer que la comunidad especialmente de las más apartadas regiones siguen esperando respuestas reales del Estado, empero el oportunismo político ha reemplazado el compromiso serio con el territorio.
Como liberal, no hablo del pasado con nostalgia, sino con orgullo; y no hablo del futuro con temor, sino con esperanza. Porque el Partido Liberal no es solo una colectividad política; es una forma de entender el país, de servir a la gente y de creer que una Colombia más justa es posible.
La remembranza que hago suena un tanto melancólica, tal vez porque los vientos juguetones de la juventud parecieran perdidos por su huida hacia otros horizontes, en busca de sonrisas frescas de las tardes solas, reflejando la excusa perfecta para vivir y morir en esta tierra bravía donde nadie es forastero.


