
Por: Juan Manuel Naranjo Vargas
La historia de Yopal suele narrarse a partir de la colonización, la ganadería, la creación del departamento de Casanare o el desarrollo petrolero. Sin embargo, pocos recuerdan que, a comienzos de la década de 1960, esta pequeña población llanera fue escenario de uno de los proyectos sociales más ambiciosos concebidos por el sacerdote y sociólogo Camilo Torres Restrepo.
Mucho antes de convertirse en el símbolo del sacerdote guerrillero, Camilo llegó a Yopal convencido de que la pobreza rural podía enfrentarse mediante la educación, la organización comunitaria y el desarrollo agrícola. Su paso por estas tierras representa un capítulo poco conocido de la historia regional y constituye un testimonio de los desafíos que enfrentaba el Estado colombiano para llevar desarrollo a las regiones periféricas.
Yopal: un pueblo olvidado por la Nación
Cuando Camilo Torres llegó a Yopal, la población era apenas un pequeño caserío aislado del centro del país.
Las carreteras eran escasas y de difícil tránsito; durante buena parte del año los desplazamientos dependían de caminos de herradura, de los ríos o de pequeñas aeronaves. La economía giraba alrededor de la ganadería extensiva y la agricultura de subsistencia. La cobertura en salud, educación y servicios públicos era limitada, mientras la presencia institucional del Estado resultaba insuficiente para responder a las necesidades de una población en crecimiento.
Los Llanos Orientales seguían siendo vistos desde Bogotá como una frontera lejana, rica en recursos naturales pero marginada de las políticas nacionales de desarrollo.
Fue precisamente esa realidad la que llamó la atención de Camilo Torres.
La visión de Camilo Torres
Como sacerdote, sociólogo y estudioso de la realidad colombiana, Camilo estaba convencido de que la pobreza no podía resolverse únicamente mediante la caridad.
Su propuesta consistía en promover procesos de organización comunitaria, capacitación técnica y participación campesina que permitieran a las comunidades convertirse en protagonistas de su propio desarrollo.
Con esa visión impulsó un proyecto experimental en Yopal que buscaba integrar educación, producción agropecuaria y liderazgo comunitario.
La Unidad de Acción Rural de Yopal
El proyecto más importante desarrollado por Camilo fue la creación de la Unidad de Acción Rural de Yopal (UARY), concebida como una granja-escuela destinada a formar jóvenes campesinos.
La iniciativa pretendía enseñar técnicas agrícolas y pecuarias modernas, cooperativismo, organización comunitaria y administración rural. No se trataba únicamente de una escuela agropecuaria, sino de un modelo integral de desarrollo para el campo colombiano.
Para hacer realidad este propósito, Camilo reunió un equipo interdisciplinario compuesto por ingenieros agrónomos, extensionistas y líderes comunitarios comprometidos con el desarrollo de la región.
La Granja Corozal: tradición jurídica del inmueble
El proyecto de la Unidad de Acción Rural de Yopal (UARY) se desarrolló en la finca Corozal, un predio rural ubicado en jurisdicción del municipio de Yopal, Casanare, que fue adquirido para establecer una granja-escuela destinada a la formación de líderes campesinos y al desarrollo de programas de extensión agropecuaria.
La reconstrucción de la tradición jurídica del inmueble constituye un elemento fundamental para comprender el origen y la evolución del proyecto impulsado por Camilo Torres Restrepo. Más allá de su valor registral, permite establecer el soporte material de una de las experiencias de desarrollo rural más importantes promovidas en Casanare durante la década de 1960.
Las investigaciones adelantadas hasta el momento indican que el predio pertenecía originalmente a Sixto Alberto Rivera, quien lo transfirió para la puesta en marcha de la UARY. Corresponde al estudio de las escrituras públicas, del Certificado de Tradición y Libertad y de los archivos notariales y registrales establecer la secuencia completa de propietarios, las condiciones de la compraventa, la participación del INCORA y de la ESAP, así como el destino jurídico que tuvo el inmueble tras la desaparición del proyecto.
Testimonio de Javier Rivera:
Mi padre vendió el predio donde inicialmente se estableció este proyecto y, posteriormente, construyó la nueva Casa Corozal, colindando con los potreros de la UARY. En esa época aún existía la posesión derivada de la tenencia tradicional de ganado sobre las sabanas comuneras, circunstancia que permitió a nuestra familia mantener una relación muy cercana con el desarrollo de la Unidad.
Esa proximidad hizo que mi padre respaldara decididamente este proyecto educativo y facilitara que sus hijos accediéramos a la formación que allí se impartía. Gracias a ello conocimos de primera mano su funcionamiento y la magnitud de sus instalaciones.
La UARY disponía de un dormitorio con capacidad aproximada para cuarenta estudiantes internos; una casa destinada al alojamiento de los profesores; una nave donde funcionaban la cocina, el comedor y la alacena, desde la cual se preparaba diariamente la alimentación para todos los internos; agua filtrada para consumo humano; planta eléctrica; potreros completamente praderizados; galpones para cerdos y gallinas; corrales para ganado bovino y caballos; y cuatro aulas construidas en palma, con capacidad aproximada para veinte estudiantes cada una.
Estos elementos muestran que la UARY no era simplemente una escuela rural, sino un verdadero centro integral de formación agropecuaria, concebido con una infraestructura moderna y suficiente para la época. Considero que incluir esta descripción fortalecería el valor histórico del relato y permitirá a las nuevas generaciones comprender la importancia que tuvo este proyecto para el desarrollo educativo, agropecuario y social de Yopal.
Los aliados encontrados en Yopal
Durante su permanencia en Casanare, Camilo Torres estableció una estrecha relación con numerosos habitantes de Yopal, quienes compartían su interés por mejorar las condiciones de vida de las comunidades campesinas.
Uno de los colaboradores más importantes fue el ingeniero agrónomo Antonio Perafán, a quien consideró la persona idónea para dirigir la Unidad de Acción Rural de Yopal (UARY), gracias a su conocimiento del campo y a su compromiso con el desarrollo rural.
Asimismo, trabajó con Eduardo Franco, antiguo integrante de las guerrillas liberales de los Llanos. Aunque Camilo conocía sus antecedentes, la evidencia histórica indica que su relación estuvo orientada al fortalecimiento del proyecto de capacitación campesina y no a la organización de actividades armadas.
La biografía de Walter J. Broderick no ofrece evidencia de que Camilo Torres hubiera llegado a Yopal con el propósito de vincularse al ELN o de crear estructuras guerrilleras en la región. Por el contrario, su prioridad era impulsar un modelo de transformación social basado en la educación, el cooperativismo y la organización comunitaria.
Los primeros discípulos y colaboradores
Los únicos registros conocidos hasta el momento sobre jóvenes que acompañaron a Camilo Torres en Yopal provienen de los testimonios recopilados por el investigador Delfín Rivera Salcedo y de publicaciones del periódico El Nuevo Oriente.
De acuerdo con esas fuentes, José Daniel Rodríguez fue uno de los jóvenes líderes campesinos que participaron en las actividades de organización comunitaria, alfabetización y promoción rural impulsadas por Camilo Torres en las veredas cercanas a Yopal.
Uno de los episodios más recordados ocurrió cuando Camilo dejó Casanare para regresar a Bogotá. Según estos testimonios, la comunidad organizó una cabalgata de despedida desde la Granja UARY hasta el casco urbano de Yopal, como expresión de reconocimiento y gratitud por la labor desarrollada durante su permanencia en la región.
Entre los dirigentes locales que promovieron este homenaje se mencionan:
- Marco Tulio Chaparro.
- Jeremías Silva Rincón.
- José Daniel Rodríguez.
Este acontecimiento refleja el aprecio que numerosos campesinos manifestaron hacia Camilo Torres y el impacto que su proyecto social alcanzó en las comunidades rurales de Casanare.
Los alumnos de la Unidad de Acción Rural de Yopal
La biografía de Walter J. Broderick señala que el primer curso de la UARY reunió aproximadamente 55 campesinos, y que posteriormente el proyecto proyectaba formar alrededor de 60 jóvenes, seleccionados por las juntas de acción comunal de distintos municipios de Casanare.
Sin embargo, Broderick no registra los nombres de estos estudiantes, por lo que, hasta el momento, no existe un listado documentalmente confirmado de quienes integraron las primeras promociones de la UARY. La reconstrucción de esa información constituye una tarea pendiente para la historia regional y la memoria histórica de Casanare.
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