Durante los últimos días se han registrado diferentes hechos de inseguridad en el departamento de Casanare, y esto, en la recta final de la campaña electoral, podría convertirse en un factor decisivo que incline la balanza entre el alto porcentaje de ciudadanos que aún permanecen indecisos.
Para nadie es un secreto que la seguridad ha sido una de las principales banderas del uribismo, especialmente por el recuerdo de la política de Seguridad Democrática. En contraste, al otro lado de la balanza, aparece el fallido intento de diálogo con los grupos ilegales en el marco de la “Paz Total” implementada por el gobierno de Gustavo Petro, estrategia que no ha mostrado los mejores resultados y que, por el contrario, ha permitido el fortalecimiento y la expansión de estructuras criminales en distintos territorios, especialmente en las zonas rurales.
Para un departamento como Casanare, esta situación resulta especialmente preocupante, ya que ganaderos, arroceros y finqueros son algunos de los sectores más afectados por el avance de los grupos ilegales.
Por eso surge la pregunta: ¿puede esta situación de inseguridad inclinar la balanza electoral o fortalecer a alguno de los tres candidatos punteros? Mientras Paloma Valencia asegura que implementará una política de mano firme contra la delincuencia, Abelardo de la Espriella busca proyectarse como un “guerrero” dispuesto a salvar al país. En la otra orilla aparece Iván Cepeda, quien ha reconocido públicamente las fallas en la implementación de la Paz Total, aunque mantiene su confianza en el diálogo como camino para desarmar y desarticular a los grupos ilegales.
La situación de seguridad también se refleja en otro fenómeno: muchos ciudadanos simpatizantes de distintas campañas prefieren no manifestar públicamente su intención de voto.
En elecciones anteriores era común ver vehículos con afiches, casas con pendones o personas usando gorras y camisetas de sus candidatos. Hoy, especialmente en las zonas rurales, muchas personas prefieren no “pintarse” políticamente por temor a represalias. Y esto parece afectar particularmente a los simpatizantes de candidatos de derecha, especialmente a quienes respaldan a Paloma Valencia, pues sienten que existe un riesgo asociado a expresar abiertamente su apoyo.
En medio de la polarización, el temor y la creciente preocupación por la inseguridad, surge entonces una pregunta clave: ¿puede la inseguridad inclinar o incluso definir una elección? Al menos en el escenario de la primera vuelta, donde la derecha aún busca consolidar un candidato fuerte que pueda enfrentar a Iván Cepeda en una eventual segunda vuelta, el tema de la seguridad podría convertirse en el factor decisivo.
La gran incógnita es cuál de los candidatos representa una visión más sólida en materia de seguridad y quién tiene realmente las herramientas para implementar una política que les devuelva la tranquilidad y la confianza a los ciudadanos.



