El pacto que adelantó el reloj político
La Asamblea de Casanare ha dejado de ser un escenario de contrapeso para convertirse en un engranaje más de la administración departamental.
Lo que antes se leía como una pugna vigorosa —y a veces excesiva— entre el Gobierno departamental y la corporación, hoy ha mutado en una «aplanadora» que le garantiza al gobernador Cesar Ortiz Zorro una gobernabilidad sin sobresaltos.
Sin embargo, en política, cuando las aguas se calman tan abruptamente, cabe preguntarse: ¿Ganó la eficiencia o perdió el control político?
El síntoma más evidente de esta nueva era es la elección anticipada de la mesa directiva para el año 2027. En un departamento donde la dinámica política suele ser volátil, este «amarre» institucional no es una simple muestra de organización; es un blindaje preventivo que anula la incertidumbre y, de paso, cualquier asomo de disidencia futura.
- Del bloqueo al «Trámite Exprés»
Atrás quedó la Asamblea del 2024, aquella que bajo la batuta de Juan Fernando Mancipe y Jorge Eduardo García actuaba como un dique de contención obstructivo frente a los proyectos del Gobierno departamental. Esa etapa de choques permanentes, aunque desgastante, mantenía viva la imagen de una asamblea de debates. Hoy, la relación ha pasado de la tensión al idilio, traduciéndose en paz política, favorable para consenso burocrático que le permita a Zorro demostrar resultados en su recta final. - La arquitectura del nuevo orden
Este giro no es fruto del azar, sino de una ingeniería política calculada.
La alianza entre Alejandro López y Henry Pérez fue el primer ladrillo de una estructura que terminó por modificar el reglamento interno para reconstruirlo a su medida.
La movida maestra ni siquiera llegó a plenaria, sino en la reorganización de las comisiones. Allí, donde realmente se define la suerte de los proyectos, la nueva mayoría instaló su propio filtro.
Quien controla la comisión, controla la agenda; y quien controla la agenda, decide qué le aprobará al Gobernador y qué se queda en el archivo. - El cálculo del 2027: ¿Gestión o Supervivencia?
El pragmatismo electoral puso a pensar a figuras como Henry Pérez y Germán Pinzón, que han entendido que la oposición radical es un negocio de suma cero en un año preelectoral.
Para ellos, la gobernabilidad es el vehículo para la «gestión»: resultados tangibles en sus municipios que aseguren su supervivencia política en las próximas elecciones. Oponerse es un lujo que sus aspiraciones no pueden pagar.
Por otro lado, el declive del bloque de Mancipe y García es una lección de realismo político: el polémico proceso de elección del contralor no solo les costó capital político, sino que fracturó su credibilidad; al quedarse sin aliados en el orden nacional y ver frustradas sus apuestas en las elecciones legislativas, quedaron reducidos a una minoría testimonial, sin los votos ni la fuerza política para liderar la contraparte, ni siquiera para el protagonismo político.
- “La paz política”
Luego de los resultados de las elecciones legislativas, que dejaron una oposición fortalecida en el departamento se da la designación de Omar Ortega para la presidencia de 2027, es la confirmación de que la Asamblea ha decidido “calmar las aguas.
Al definir las cartas con tanta antelación, se envía un mensaje claro, la estabilidad gubernamental está “garantizada” (Siempre y cuando los acuerdos se respeten)
Casanare necesita una Asamblea que colabore con el desarrollo, pero no una que renuncie a su función de vigilar. La línea entre la gobernabilidad y el arrodilarse es delgada, y hoy la duma departamental parece caminar peligrosamente hacia la segunda.
En política, efectivamente, no gana el que más pelea, gana el que organiza mayorías, y en la Asamblea de Casanare, esa mayoría ya está armada y pensando en lo que viene.



