El Índice Departamental de Competitividad (IDC) 2026 deja para Casanare un mensaje que merece ser leído más allá de una posición en un ranking: el departamento tiene fortalezas importantes, pero todavía no logra convertirlas en una ventaja competitiva integral.
Casanare ocupa el puesto 17 entre 33 territorios evaluados, con una calificación de 5,08 sobre 10. Es un resultado que implica el descenso de una posición frente al recálculo de 2025 y que debería encender algunas alertas, especialmente porque detrás del promedio hay comportamientos muy diferentes entre los distintos pilares que determinan la competitividad territorial.
El departamento tiene motivos para celebrar. Y también razones para preocuparse.
Uno de los mejores resultados está en Educación Básica y Media, donde Casanare subió cuatro posiciones y llegó al quinto lugar nacional, con 7,83 puntos. La mayor presencia de docentes oficiales con posgrado y la mejora en los resultados de las pruebas Saber 11 ayudan a explicar este avance.
También resulta significativo el comportamiento del Entorno para los Negocios. El departamento escaló seis posiciones y se ubicó cuarto a nivel nacional, con 7,25 puntos. En un territorio que durante décadas ha dependido fuertemente de la actividad petrolera, mejorar las condiciones para la actividad empresarial puede convertirse en una pieza fundamental para diversificar la economía.
El Mercado Laboral, con 7,53 puntos y el séptimo lugar nacional, completa el grupo de indicadores que muestran que Casanare tiene capacidades sobre las cuales construir.
Pero aquí aparece la paradoja: Mientras algunos indicadores avanzan, otros retroceden de manera preocupante.
El caso más evidente es Educación Superior y Formación. Casanare cayó seis posiciones y quedó en el lugar 23, con apenas 3,21 puntos. Esta cifra debería generar una discusión mucho más profunda que la que provoca simplemente conocer el puesto ocupado en el ranking.
Porque de poco sirve tener buenos resultados en educación básica si el departamento no consigue que sus jóvenes encuentren después una oferta de formación superior, tecnológica y profesional suficientemente pertinente para las necesidades de la economía regional.
La pregunta, entonces, no debería ser solamente cuántos jóvenes terminan el colegio, sino qué oportunidades encuentran después, qué competencias adquieren y qué tan preparados están para los empleos del futuro.
En infraestructura tampoco hay buenas noticias. Casanare perdió seis posiciones y se ubicó en el puesto 12, con 5,18 puntos. Las dificultades de conectividad vial, los costos logísticos y las condiciones de las vías secundarias y terciarias siguen siendo un obstáculo para un departamento que pretende fortalecer su producción agroindustrial y conectar sus productos con los grandes mercados nacionales.
Aquí hay una tarea urgente: no basta con ejecutar obras; también hay que comunicar, medir y demostrar sus resultados. Si el departamento está haciendo inversiones importantes en infraestructura, estas deben reflejarse de manera clara en los indicadores, en la percepción ciudadana y, sobre todo, en una reducción efectiva de los costos y tiempos de transporte.
Otro punto que merece atención es el pilar de Instituciones, donde Casanare cayó cinco posiciones hasta el puesto 17, con 5,66 puntos.
La competitividad no se construye únicamente con carreteras, empresas o trabajadores. También depende de la capacidad institucional para formular proyectos, ejecutarlos correctamente, administrar recursos, rendir cuentas y generar confianza.
Por eso, mejorar la gerencia pública debería convertirse en una prioridad estratégica. La estructuración rigurosa de proyectos, el seguimiento mediante indicadores y el uso de herramientas de visualización de datos pueden ayudar a que las decisiones públicas sean más transparentes y medibles.
Pero quizá el mayor reto de Casanare está en lograr que educación, empresa, tecnología y sector público dejen de avanzar por caminos separados.
El departamento tiene una oportunidad enorme en ciencia, tecnología e innovación. La implementación efectiva del Plan Estratégico Departamental de Ciencia, Tecnología e Innovación debería apuntar precisamente a construir esas conexiones: universidades que investiguen problemas reales del territorio, empresas que conviertan conocimiento en productos y procesos, y un sector público capaz de financiar y escalar esas soluciones.
Allí aparecen posibilidades concretas: proyectos de regalías orientados a innovación, transferencia tecnológica al sector agroindustrial, unidades de investigación y desarrollo dentro de las empresas y formación especializada en áreas como software, análisis de datos, automatización e inteligencia artificial.
Y hay otro elemento que no debería seguir siendo secundario: el bilingüismo.: Un Casanare que aspire a competir en mercados nacionales e internacionales necesita jóvenes capaces de comunicarse y trabajar en inglés, especialmente en sectores técnicos, tecnológicos, empresariales y científicos. En esta tarea, las universidades y el SENA tienen un papel determinante.
El IDC 2026, en ese sentido, puede ser visto como una advertencia, pero también como una hoja de ruta.
Casanare no está condenado a permanecer en la mitad de la tabla. Tiene recursos, empresas, talento humano, producción agropecuaria, experiencia energética y una ubicación estratégica. Lo que necesita es convertir esas ventajas en una estrategia coherente de largo plazo.
El desafío consiste en pasar de administrar fortalezas a construir competitividad. Porque el verdadero objetivo no debería ser simplemente subir del puesto 17 al 15 o al 10.
El verdadero reto es conseguir que un niño que hoy obtiene mejores resultados en Saber 11 encuentre mañana una educación superior de calidad; que ese joven pueda acceder a un empleo bien remunerado; que una empresa pueda producir y transportar sus bienes con costos competitivos; que un productor rural tenga conectividad y tecnología; y que cada peso público invertido pueda ser medido y explicado.
Ese sería, finalmente, el indicador que realmente importaría.
Casanare tiene con qué competir. Ahora necesita demostrar que también tiene la capacidad institucional, educativa y tecnológica para hacerlo.



