En la vereda Río Chiquito, en Aguazul, un fogón de leña construido con piedra y con un techo improvisado se convirtió en el punto de partida para rescatar la tradición culinaria de más de 300 familias; hoy, ese espacio es el corazón de la gastronomía criolla y un escenario de formación para jóvenes y líderes comunitarios.
Hoy es una cocina amplia, con mesones, cubierta y piso adecuado; más que infraestructura, representa organización, aprendizaje y trabajo colectivo de la comunidad con el respaldo de Ocensa y la Fundación Oleoductos de Colombia.
Ubicada en el kilómetro 17 de la vía Aguazul–Tauramena, Río Chiquito es una zona rural donde la economía gira en torno a la agricultura, la ganadería y el comercio local; allí, el trabajo diario sostiene a las familias y proyecta el futuro del territorio.
“Antes, cuando llovía, tocaba recoger las ollas y no había espacio; hoy es completamente distinto: tenemos una cocina digna, donde no solo cocinamos, sino que también aprendemos sobre liderazgo y proyectos”, explica Arnaldo Moreno Cabezas, presidente de la Junta de Acción Comunal.
El siguiente paso para la comunidad ya está definido: construir un horno para preparar carne a la llanera y ampliar su oferta gastronómica. La base está lista: productos cultivados en la región como yuca, maíz, plátano y derivados lácteos.
“Volvimos a mirar al campo con proyectos productivos como gallinas, cerdos y cultivos; las empresas nos apoyan, y eso facilita seguir creciendo”, agrega Moreno.
Según Diana Camargo, directora de proyectos de infraestructura comunitaria, de la Fundación Oleoductos de Colombia, la iniciativa ha permitido fortalecer estos espacios: “En 2025 entregamos 21 obras en Boyacá, Casanare y Antioquia, con una inversión cercana a 1.400 millones de pesos”.
Más allá de la obra física, el fogón de Río Chiquito se consolida como un punto de encuentro donde se cocina algo más que alimentos: con sabores y saberes se construye comunidad, liderazgo y futuro.







