EN MEDIO DE ATRACO «A DOMICILIO» Y FRENTE A SU HIJO, OCURRIÓ LA MUERTE DE PADRE DE FAMILIA EN YOPAL

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Al soldador HÉCTOR EDUARDO DOMÍNGUEZ VARGAS no lo mataron «sicarios en medio de un ajuste de cuentas». No.

Él murió 10 después de que un delincuente sin misericordia, le impactara a la altura del ojo izquierdo con un arma traumática, en la sala de su casa, indefenso, sin siquiera poder reaccionar a la incursión del desconocido que la noche del 8 de marzo llegó a su casa en Yopal y en medio de un atraco a su esposa, lo hirió mortalmente.

«Yo estaba recostada en un chinchorro… sola, en la sala, con la puerta abierta para buscar algo de fresco en medio de la noche calurosa. Eran como las 8:30 cuando de pronto entra un tipo delgado, no muy alto, con un arma en la mano y me ordenó que le entregara el celular… yo me levanté, quedé como en shock pero alcancé a soltar un grito», dice su esposa quien durante 10 días estuvo en el Hospital HORO, pendiente de la salud de su marido, hasta que la existencia se le apagó el martes 17 de marzo.

Alertado por el grito, HÉCTOR EDUARDO salió a la sala. Él estaba en un cuarto, alistando el morral de ropa, menaje personal y pertenencias que llevaría a un nuevo turno de trabajo para el que debería madrugar al día siguiente. Como soldador de profesión ocupaba un cargo de personal calificado en una empresa palmicultora en límites de Orocué y Yopal, por la vía de Quebradaseca.

Su pequeño hijo de 8 años, estaba en la cocina…

Era una persona tranquila, sin antecedentes ni problemas, enamorado hacía 10 años de la mujer que le había dado a su único hijo y por quien salió del cuarto cuando sintió el grito de peligro.

«Él salió y el niño estaba detrás de él. Ni siquiera alcanzó a decir o a preguntar nada porque se encontró con la escena del tipo que me apuntaba en silencio y que al verlo simplemente giró el arma, le apuntó a la cara y disparó… agarró el celular y salió tranquilamente hacia la calle en donde se subió a una moto que lo esperaba y huyó del sitio», relata la mujer.

En medio de su desesperación y viendo sangrar profusamente a su marido, ella salió a la calle a pedir ayuda. Llegaron los vecinos, su esposo mal herido e incosciente yacía en el suelo, llegó la Policía, la ambulancia no apareció hasta que decidieron subir al hombre herido al platón de la patrulla y emprender camino raudo al Hospital, donde HÉCTOR EDUARDO fue ingresado y permaneció inconsciente primero (hasta el 15 de marzo) y luego con diagnóstico de «muerte cerebral» hasta el 17, cuando murió después de tres colapsos sucesivos de los cuales no se pudo recuperar.

Del caso, que ocurrió en la noche del día de elecciones, cuando aún estaban vigentes en Yopal medidas como «ley seca» y prohibición de circulación de motos con parrillero hombre mayor de 14 años, la familia aclara que no hubo ataque motivado por «sicariatos o ajustes de cuentas»…

«Eso fue un atraco, un asalto a domicilio, algo que a nuestras autoridades les cuesta reconocer porque no quieren aceptar lo grave que está la situación de delincuencia en Yopal», dice la mujer, aparentemente tranquila pero quien sabe que su verdadera tragedia apenas comienza… «Ahora es cuando me toca enfrentar la ausencia definitiva del hombre al que le dí un hijo, que fue mi compañero por 10 años y a quien ese niño vio morir porque lo hirieron sin piedad, delante de él», dice la mujer.

Sobre sus atacantes, inmisericordes, y quienes antes de irse y con HÉCTOR EDUARDO en el piso, herido de muerte, miraron a sus víctimas con tranquilidad pasmosa, solo se sabe que llegaron en moto, que merodearon por la calle antes de ingresar a la casa, que le dieron la vuelta a la esquina y regresaron segundos después para cometer de manera fría el mortal robo que fracturó para siempre la vida de esta familia.

La mujer también rechazó los comentarios crueles que sobre el caso se conocieron a través de redes sociales: «que fue una muerte ‘rara’, que un ‘ajuste de cuentas’, que un ‘sicariato’… hasta dijeron que era trabajador de la palma en Maní… cosas totalmente falsas porque era un hombre trabajador, dedicado a este hogar y que acostumbraba sentarse con su hijo a ayudarle a hacer tareas…», dice.

Sobre el caso «no hay más datos… no existe más información… los investigadores me tuvieron como una hora en la sala de la casa… a todo le tomaron foto, hicieron muchos análisis pero, curiosamente, no vieron el cartucho del arma que dispararon contra mi esposo», recuerda la afligida mujer.

«El cartucho lo encontramos luego, cuando empezamos a limpiar todo», agrega.

«Yo no se qué va a pasar ahora, ni qué va a ser de nosotros… este dolor apenas comienza», dijo volviendo a su silencio y pidiendo que por lo menos se conozca quienes fueron los culpables.

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