Por Mg. DELFÍN RIVERA SALCEDO

Los centauros llaneros le dieron la libertad a la patria! Es frecuente escuchar esta expresión referida al heroísmo de los llaneros que a caballo y con lanza enristrada combatieron al español.
Sin embargo, jamás se escucha hablar de las centáurides llaneras que también sobre el lomo de un corcel y con su lanza empuñada, con sus flechas certeras o con sus manos laboriosas plasmaron el heroísmo de las matronas de la planicie en las luchas por la libertad de la patria, unas veces, en la inmensidad de los llanos y otras, en las gélidas cúspides de los andes orientales.
Por ello, hoy, ustedes, mujeres de mi llano, junto con La Princesa Paomare, hija del dios Casanarí, La Princesa Nonchiría, la princesa Támara y Nicolasa Chacuamare, hija del Cacique Chacuamare, que fueron defensoras de sus pueblos contra la agresión de los conquistadores europeos, al igual que las heroínas pauteñas, de la guerra de independencia nacional: la enfermera Ana Francisca de Villafraes y Lama, la costurera María del Carmen Varela y Santander, la tejedora de cotizas Ana de Jesús Molina, el correo Josefa Molina y la reclutadora de lanceros Teodora Molina, quienes valerosamente batallaron bajo el mando de la heroína triniteña Presentación Buenahora, fusilada el 28 de junio de 1816. Junto a ellas, también, son dignas de mención otras combatientes de las sabanas del llano, como: Inés Munevar, Rufina Cotorruma, Dominga Requiniva, Ana Julia Tetelúa, Carmen Cucubaná, la nunchiana Hidelfonsa Tumay (partera de La Revolución), la fragueña Justa Estepa y la poreña Juana Bejar.
Y ni qué decir de las mujeres combativas en los comienzos del siglo veinte: la nunchiana Cornelia Sánchez quien organizó la primera manifestación femenina llevada a cabo en los llanos de Colombia para liberar al sacerdote hoy canonizado Ezequiel Moreno Díaz.
Así mismo, a mediados del mismo siglo, Margarita Barragán y otro puñado de mujeres lideraron la construcción de San Luís de Palenque, mientras que Matilde Castro, Julia Páez y Damasia Coba dirigieron la reconstrucción de Trinidad.
El proceso de cimentación simbólica que deificó a Ramón Nonato Pérez, el pauteño, Libertador de los llanos, y mitificó a su extraordinario caballo, es el mismo proceso que hizo de la figura ecuestre de Presentación Buenahora, una insignia libertaria, también, asumida por ustedes como heroínas del llano, porque desde niñas se fundieron en un solo ser con su caballo, el joropo, el arte, el trabajo, el amor y van por la vida cabalgando en el lomo infinito de los sueños por construir una sociedad llanera a partir de los postulados de la llaneridad, cimentando, así, el progreso, el desarrollo y la prosperidad de nuestro llano.
Por todo lo anterior, podemos, afirmar que la mujer llanera es centáuride y, que ello, no solo se refiere al carácter heroico y a su épico desempeño en la guerra, sino, también, a su lucha diaria por conquistar la felicidad de nuestro pueblo llanero.
En la búsqueda de la imagen femenina, a lo largo de la historia y la poesía llanera, descubrí las implicaciones ideológicas y literarias de la figura femínea de los llanos, en los aspectos formales y de contenido, sin dejar de lado el hecho de que los llaneros construimos nuestro imaginario poético y, en general, discursivo en torno al núcleo de sentido de un compromiso con la mujer llanera, la historia del llano y nuestras costumbres llaneras.
En la poesía llanera el sujeto poético, como ocurre en general en el modernismo americano, frecuentemente, convoca, en nosotros, la efigie mujeril, ligada al sentido del universo sabanero: «Mujer hermosa que te encontré en mi sendero/ con tu belleza de tarde primaveral/ si comprendieras lo mucho que yo te quiero/ y es que ya nunca puedo dejarte de amar/, exclama la canción titulada “Idolatría” compuesta por Domingo Riaño, identificando la vida, la belleza, los caminos, el amor, con la visión de la mujer llanera.
Entonces, la mujer llanera es vida, es beldad, es senda, es amor. Pero sería muy simple observar sólo este aspecto: el retrato de mujer llanera va mucho más allá de estas manifestaciones y su perfil se va dibujando firmemente en la extensa poética de los llanos. Jesús Moreno, el Rey del pasaje exclama en su canción
“Corazón sin dueño” /Libre como el pensamiento/ mujer bonita como el potro cimarrón/ por los caminos de mi alma/ negrita linda galopa tu corazón/ Ese corcel tan altivo, indómito y correlón/ que han tratado de cazarlo con sogas de inspiración/ pero ninguno ha podido plantarlo en el botalón/, versos en los cuales se identifica la libertad del hombre llanero y la libertad de la mujer llanera para amar.
Es, este, en pocas y sentidas palabras el teatro de la llanada y la metáfora del corazón femenino representado en la esencia del llano como lo es el caballo. Por lo tanto, el corazón de las doncellas del llanoes libertad, es galope, es potro cimarrón, es altivez, impetuosidad, es inspiración, es poesía.
Por lo tanto, la mujer llanera es vida, beldad, centáuride, es senda, es amor, es inspiración, es poesía; ustedes las mujeres orinocenses son joropo y libertad.


