Por: Laura Montoya, empresaria y autora libro Detrás de la pantalla
En Colombia, más del 92% de los hogares tiene al menos un televisor y el país mantiene más de seis millones de conexiones activas entre televisión por
suscripción y comunitaria, lo que confirma que la audiencia no desapareció, sino que transformó la manera de consumir. El streaming, que ya alcanza a cerca de un tercio de la población mayor de 15 años, no sustituyó la pantalla tradicional, sino que la integró a un ecosistema más amplio donde conviven múltiples
formatos y hábitos. El debate no debería centrarse en la vigencia del medio, sino en cómo se ha gestionado su transformación.
La televisión ya enfrentó un punto de inflexión cuando la descentralización rompió el paradigma nacional y abrió la pantalla a empresas locales, universidades, clínicas y gobiernos regionales, convirtiéndola en una herramienta comercial estratégica que creó mercado donde no existía. Aquel modelo nació frágil, dependiente de recursos públicos y de la confianza de empresarios que dudaban de su efectividad frente a las cadenas nacionales, pero se consolidó
cuando la pauta dejó de ser presencia y empezó a demostrar impacto.
Hoy el desafío es distinto, mientras el consumo se volvió híbrido y el anunciante migró hacia esquemas medibles, parte del sector continúa vendiendo segundos al aire como si el producto fuera la emisión misma. El mercado ya no compra exposición; exige retorno, datos y resultados comparables en tiempo real.
La discusión no es si la televisión sobrevive frente al streaming, sino cómo redefine su papel dentro del ecosistema. Las redes ofrecen alcance e inmediatez,
pero la pantalla conserva un diferencial que el entorno digital no replica con la misma fuerza: credibilidad. En redes cualquier marca puede aparecer; en
televisión una marca se percibe validada. El alcance amplifica; la confianza influye en la decisión.
El cambio de paradigma no consiste en defender el rating, sino en dejar de vender tiempo al aire como producto principal. Implica pasar de ofrecer espacios
a ofrecer procesos: comprender el problema del cliente, diseñar la estrategia, integrar televisión y digital, medir impacto y optimizar en el camino. Cuando la
pantalla construye posicionamiento, lo digital captura intención y los datos perfeccionan cada campaña, la inversión deja de ser un gasto de exposición y se
convierte en un sistema orientado a resultados económicos.
Más que una crisis de audiencia, el sector enfrenta el reto de actualizar su modelo de negocio, eso significa asumir que la pantalla ya no es el producto final, sino el punto de partida de una estrategia más amplia. Significa integrar datos, acompañar procesos comerciales, entender ciclos de compra y demostrar cómo la construcción de marca se traduce en demanda real.
En ese tránsito, la televisión deja de ser un canal de emisión y se convierte en un activo económico dentro del ecosistema de comunicación.


Laura Montoya H. es una autora colombiana contemporánea con siete libros publicados. Fue finalista en los Premios Letrame 2024 en Madrid y ha participado en eventos literarios internacionales como Sant Jordi en Barcelona y la FIL Guadalajara 2025.
Su obra se caracteriza por una voz íntima y potente que integra elementos del idealismo mágico, la espiritualidad moderna y una exploración profunda de la identidad. Con un estilo que dialoga entre lo poético y lo narrativo, su literatura se centra en el alma humana, la memoria afectiva y los procesos de transformación interior.


