El sur de Casanare representa hoy uno de los bloques electorales más determinantes del departamento, con un potencial cercano a 115.000 sufragantes, es decir el 36 % del total del potencial de Casanare. se espera que en las próximas elecciones de marzo salgan por lo menos 60 mil personas a votar.
No se trata solo de una subregión productiva, sino de un corredor estratégico capaz de inclinar el resultado de cualquier elección.
Pero… qué motiva a los electores del sur de Casanare: ¿votan por ideología, los mueve la “opinión” u obedecen a líderes locales?
El primer dato es la participación, en 2022 votaron 59.651 personas, o sea un 51,5% del potencial. El sur es hoy un espacio con amplio margen de crecimiento electoral. La movilización de abstencionistas puede ser la variable que altere cualquier equilibrio previo.
El partido que logre articular una narrativa coherente que conectando agroindustria, empleo, regalías, infraestructura y fortalecimiento del turismo, y que además consolide alianzas territoriales sólidas, tiene una ventaja competitiva real para imponerse este 8 de marzo.
Una mirada a los resultados de la última elección de Cámara de Representantes nos permite identificar el comportamiento de los electores en cada municipio.

Fuente: datos Históricos Registraduría Nacional
En cuanto a la distribución del voto, los resultados evidencian una competencia cerrada. Centro Democrático (10.760 votos), Partido Liberal (10.629) y Cambio Radical (9.600) protagonizaron un verdadero cabeza a cabeza, con diferencias mínimas.
No hubo hegemonía clara. Esta fragmentación demuestra que el electorado no está alineado de manera dominante con una sola fuerza política, lo que convierte al sur en un escenario de alta disputa y volatilidad electoral.
Desde la perspectiva ideológica, el voto no refleja una identidad política homogénea. Si se agrupan tendencias, el bloque de centro-derecha suma una fuerza considerable (Centro Democrático 10.700 votos + Cambio Radical 9.600 votos), mientras que el liberalismo —en sus distintas expresiones— mantiene presencia robusta (Liberal 10.366 votos + Nuevo Liberalismo 7.257 votos) y el Pacto Histórico evidencia un nicho consolidado, pero no dominante (6.412 votos).
Esto sugiere que el comportamiento electoral en el sur responde más a liderazgos locales, estructuras políticas y capacidad organizativa que a una fidelidad partidista rígida.
El peso del arraigo local supera, en muchos casos, la fuerza de los partidos. Varios candidatos demostraron que el capital político propio (construido desde el municipio) puede convertirse en fuerza electoral.
Por ejemplo, el Nuevo Liberalismo en Tauramena, tierra de Diego García, alcanzó 3.359 votos, siendo la lista más votada de su municipio. Es decir, su fortaleza territorial compensó la limitada estructura departamental de ese partido.
Algo similar ocurrió con Cambio Radical en Villanueva, Esperanza Galindo obtuvo 5.092 votos, consolidando una votación altamente concentrada en su municipio base.
En Aguazul ocurrió algo similar con la lista liberal, que alcanzo 5.038 votos gracias a que contaba con Cristian Castañeda como candidato.
El análisis territorial muestra además la existencia de municipios “bisagra”. Aguazul, Villanueva y Tauramena concentran la mayor masa electoral y, por tanto, definen la tendencia general. Los demás municipios complementan la ecuación y pueden inclinar la balanza en una elección cerrada. Ganar con amplitud en al menos dos de los tres municipios grandes ofrece una ventaja estructural significativa.
¿Entonces que podemos esperar este 8 de marzo?
El sur de Casanare mantiene un comportamiento electoral marcado por el arraigo territorial, como ya se evidenció en 2022: cuando hay candidato propio, el voto se activa más por identidad que por partido.
En este escenario, Diego García por la Alianza Verde parte con ventaja en Tauramena al no tener competidor local fuerte, lo que podría concentrar el voto y convertir ese municipio en su bastión. En contraste, Villanueva tendrá una fragmentación evidente con tres aspirantes de la misma ciudad, Diana Rincón (de la Alianza Verde), Arvey Vacca (de Cambio Radical) y Wilmer Garces del Centro Democrático, lo que diluye el voto identitario y reduce el techo de cada uno.
¿Cómo está el poder territorial?
La pasada campaña a la gobernación y alcaldías muestra una puja entre dos fuerzas políticas, como lo demuestran los resultados de la tabla.

El sur de Casanare no fue un actor secundario en la elección de 2023: fue el corazón político de la victoria. César Zorro no solo ganó en 8 de los 9 municipios, sino que lo hizo con una ventaja estructural de más de 16 mil votos en esta zona, consolidando un dominio territorial que tuvo como epicentros a Aguazul, Villanueva y Tauramena.
Allí no hubo triunfos ajustados ni accidentales; hubo mayorías claras que demuestran organización, articulación política y capacidad de movilización.

Cambio Radical consolidó poder institucional al ganar Tauramena y Monterrey y posicionarse como segunda fuerza en Villanueva. La Alianza Verde construyó un bloque sólido al imponerse en Sabanalarga, Maní y Recetor, además de apoyar a la U en Villanueva y ser segunda en Orocué.
El Centro Democrático, ganó Orocué y es segunda fuerza en Maní y Recetor, y además suma un elemento estratégico clave: en Aguazul el poder local está en manos de Nueva Fuerza Democrática, que hoy respalda los candidatos del Centro Democrático. Eso le podría otorgar estructura territorial y capacidad operativa en uno de los municipios de mayor peso electoral.
Por su parte, el Partido Liberal Colombiano, aunque sin alcaldías, logró segundos lugares en Tauramena y Monterrey (hoy cuentan con Carlos Romero), conservando votación propia y margen de negociación. Y En Marcha se posicionó como segunda fuerza en Aguazul y Chámeza, confirmando presencia competitiva.
Mientras el sur de Casanare quedó fragmentado en el poder municipal, el liderazgo departamental se concentró con claridad en una sola figura, Cesar Zorro.
¿Qué liderazgos pueden inclinar la balanza?
Los antecedentes recientes muestran un factor determinante: la influencia del gobernador César Zorro y la capacidad operativa de los gobiernos locales. La estructura institucional (alcaldías, equipos políticos y redes territoriales) siguen siendo un activo clave para movilizar votantes.
Sin embargo, también emergen figuras que buscan alinearse con el poder nacional y proyectarse hacia las próximas contiendas.
Es el caso de las exdiputadas Esmeralda Bohórquez y Blanca Lilia Vargas. Bohórquez intentará hacerse sentir en Villanueva, donde fue segunda en la pasada elección a la Alcaldía, y donde conserva una base política activa. Vargas, por su parte, tras quedar por fuera de la lista a la Asamblea en la consulta interna, ve en esta campaña una oportunidad para consolidar su grupo, ampliar alianzas y reposicionarse de cara a lo que viene.
También aparecen liderazgos emergentes que debutaron en el ciclo anterior. El ingeniero Vladimir Bernal, en Orocué, impulsa hoy el proyecto de la Alianza Verde; mientras que Fabián Piñeros, en Villanueva, y Carlos Romero, en Monterrey, ya piensan en las elecciones del próximo año y trabajan para fortalecer su estructura, apoyando la lista verde a la Cámara.
En Tauramena, el médico Gilberth Rivera ha demostrado disciplina dentro del Partido Liberal Colombiano y, alineado con el representante Hugo Archila, empuja también la campaña verde. Si esa articulación se mantiene, Tauramena podría convertirse en un bastión con mayoría amplia para esa colectividad.
La incógnita está en Aguazul. El empresario William Ramírez, segundo en la pasada elección a la Alcaldía y hoy uno de los opcionados para 2027, tiene capacidad de incidencia. Su nivel de involucramiento podría ser determinante en uno de los municipios de mayor peso electoral.
Por los lados del Centro Democrático, la expectativa se concentra en la Asamblea. En el sur cuentan con dos diputados, Germán Pinzón y Henry Pérez.
Este último, actual presidente de la corporación podría jugar un rol decisivo: su caudal electoral superior a los 9 mil votos, su posición institucional, el liderazgo que ha mostrado y su habilidad para equilibrar oposición con gestión regional lo perfilan como el gran elector de su partido en esta subregión.



